Las Alas de la Libertad prisioneras de sí mismas (F)

Caminaba taciturno una y otra vez como quien busca algo que no ha podido encontrar. Así, preso de la desesperación y con un mar de pensamientos rodando por su cabeza, se encontraba un hombre que en silencio recordaba esa llamada que sería la primera señal de un cambio drástico en su vida. La habitación donde se encontraba dando vueltas estaba en penumbras mientras el ruido de esa vieja capital Ivka, se ahogaba en silencios.

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Por Jenny Carpolina Baquero

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Temía detener sus pasos encerrados para despertar a su mujer y contarle sus angustias, pero por más que pensaba también llegaba a la conclusión de que eso no le iba a ayudar mucho, únicamente empeoraría las cosas. Al día siguiente retomó su cotidianidad y se fundió de nuevo entre papeles, computadores y voces que recorrían todas las oficinas. Ese ambiente en el que un periodista se entrega por completo a su labor. Pero para Patrick Holmes su pasión no estaba encasillada entre las paredes del edificio de donde salía el periódico para el que trabajaba, llamado De Botanique sino que su verdadera pasión residía en su trabajo de reportería, ese gusto exacerbado por investigar y contárselo al mundo eso sí con pruebas que lo respaldaran.

Justamente fue una de sus investigaciones la que causó tanto pavor en él como para empezar a reprimirse. Llevaba un par de meses siguiéndole el rastro a una información que se le atravesó en el camino, así que quiso investigarla hasta ver qué encontraba y cuando por fin pudo comprobar que en sus manos residía una chiva la lanzo a las páginas amarillas del periódico local.

El mismo día en que se publicó su nota recibió la llamada inesperada e intempestiva que le dejaría los nervios de punta. “Mire, sabemos quien es usted, sabemos que usted es el responsable de lo que publicaron hoy y si no quiere que sus pies salgan por delante mejor no se arriesgue a publicar más cosas... piense también en su familia...”, fueron las únicas palabras que salieron de un hombre con voz grave que respiraba agitado. Cuando colgó el teléfono, Patrick quedó sentado en su viejo sillón sin poder olvidar esas líneas amenazadoras.

Han pasado ya tres años desde ese suceso y hoy Patrick sigue siendo el periodista que tanto deseo ser desde pequeño. Ahora está relegado a esa página llena de eventos pues su temor de ese entonces lo obligó a cambiarse de sección. Por eso, esa noche en la que no podía dormir y pensaba entre sus pasos si decírselo a su familia o dejarlo todo en secreto. Pero su jefe ya había tomado cartas sobre el asunto, estaba resuelto a hablar con él sobre el tema y sobretodo acompañarlo en ese instante de zozobra.

Finalmente, su esposa Marie Mask, se puso al tanto de la situación y como sabía del difícil estado en el que se hallaba Patrick decidió tomar todo con calma, con paciencia y como ella misma dice “con la cabeza en frío”. El trabajo de Marie la obligaba a viajar seguido a otras ciudades colombianas, pero al enterarse de la amenaza que apaciguaba a su marido decidió cancelarlo todo para acompañarlo y respaldarlo a cada segundo.

Desde ese tormentoso pasado, el periodista veterano con más de 46 años de experiencia es hoy un hombre que frunce el ceño cada vez que está en un consejo editorial. De la amenaza que recibió poco se sabe su proceder, pero solo eso bastó para que Patrick empezara a cambiar. No fue él mismo quien lo notaría sino su esposa quien hoy narra “se la pasaba callado, como ido... ya no salíamos a ningún lugar y su trabajo lo seguía haciendo pero no como solía hacerlo. Se encerraba en sí mismo y fue cambiando...”.

Después de recibir un alerta sobre lo que uno hace es casi inevitable que se empiecen a hacer cambios –dice Patrick- me dio pánico pensar en que a mi mujer le podía pasar algo, por eso cambié actitudes. A este hombre le asignaron un seguimiento psicológico para ayudarlo a superar lo que esa amenaza le generó y aunque eso sí le ayudó, recuerda con nostalgia que ya no es el mismo periodista que sí era antes.

Como Patrick existen otros 76 casos de amenazas a periodistas que ocurren por año coartando su libertad de expresión según la Fundación para la Libertad de Prensa en Colombia (FLIP). Y aunque ese pequeño libro de la Constitución Nacional diga en su artículo 20 que “se garantiza la libertad de expresar y difundir su pensamiento y opiniones, la de informar y recibir información veraz [ ... ] no habrá censura”, ocurren hechos que atentan contra la integridad de los periodistas., ejemplo de ello el caso de Patrick.

Así, cada vez que Patrick cuenta su historia baja la mirada y retoma sus fuerzas para decirle al resto de sus colegas que el periodismo es labor de riesgos y que por más que sea una pasión también esta debe tener sus límites. Y mientras se pone la chaqueta para salir de su trabajo al culminar sus escritos finaliza diciendo: “muy pocos son los que le dicen a uno en qué se está metiendo cuando se hace periodismo, no por eso debemos dejarnos invadir por los miedos y hacer mal nuestra labor, la idea es seguir. Debemos ser la voz de los que no tienen voz como dijo un difunto periodista”.

 
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