Esperando... la presencia de Gabo (R)

Foto: Agencia EFE.

Después de muchos años frente al pelotón de reconocimiento, la batalla empezó con un nuevo “ejército” que esperaba una ilustrada celebridad de todo un pueblo; que en tiempos atrás, detallado por líneas, era una aldea sucia, olvidada y sola, que describió García Márquez.

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Por Bryanna Lara Lara

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La magia de sus palabras, el regreso a Colombia y la celebración que tenía su municipio, por su cumpleaños 80, le daban un aire diferente a éste lugar. Ahora eran los ruidos, acordeones, agrupaciones musicales, festivales, lo que le daban vida a la soledad que en tiempos atrás se vivió en aquel pueblo.

Nazario Enrique Rodríguez, el único voceador de periódicos en Aracataca, dijo para EL TIEMPO, “Llevamos 27 años esperando el regreso de Gabo. Es más importante que cualquier presidente”, aseguró con ansiedad. Ante la expectativa que generaba a toda una sociedad que lo vio crecer, que conoce su pasado y su presente, que vivió, sintió y fue testigo de toda su realidad, de muchas de sus obras, le daban ahora un verdadero homenaje a sus 80 años.

Éste era apenas el comienzo de una historia que empezaría a marcar en un lugar alegre y animado, donde Gabo se hace presente en el único territorio, donde las paredes, las calles, el servicio público, son sus cómplices que señalan su viejo Macondo que ahora es ilustrado con leyendas y reconocimientos de su propio autor.

Emiro Camargo fue una de las personas que trabajó sin descanso para dejar a un costado de la carretera nacional el escritor del Aracataca, “Camargo cumplió 12 días de trabajo, para terminar de pintar una pared de 10 metros de largo por 3.20 de alto” afirmó, Leonardo Herrera, enviado especial de EL TIEMPO, éste mural hacia alusión a la obra de García Márquez, con motivo evidente de orgullo que le hacia su pueblo.

El hijo ilustre como se le conoce en toda Colombia, sigue siendo un ejemplo que ha promovido la paz y ha trabajado por ella, un Nóbel Colombiano que ya hace 25 años le dio el orgullo a toda una patria, desde ese tiempo la presencia de Gabo se hizo más frecuente en Bogotá, pero no lo suficiente para que todo su pueblo natal le diera tanto reconocimiento como lo hacia ahora.

Este reportero, cronista, escritor, desde sus inicios en El Espectador, transformó el periodismo y hoy en día ha logrado que los profesionales adopten ese periodismo real, pero que en cierto momento lleguen a imaginar tal y como lo ha hecho él.

Para los periodistas el tener un escritor Colombiano es en realidad un orgullo, ya que le da a ellos las ganas y el amor por lo que hacen, “Sus obras literarias han marcado varias generaciones, tiene un buen manejo en cuanto al periodismo y a literatura, para nosotros los periodistas es un buen modelo en el manejo de técnicas periodísticas que superan y le dan un aspecto diferente de hacer y crear lo que hacemos”, dijo Eduard Soto, redactor de EL TIEMPO.

Lo que resulta de mucha importancia, poder fusionar tanto el periodismo como la literatura, ser perteneciente a un hecho y no solo escribirlo como es, sino también poder darle la vuelta y convertirlo en una mágica realidad que se puede desencadenar desde el periodismo.

Esto establecía el contexto que ahora se vivía en ese antiguo Macondo, el valor de encontrarse nuevamente con ese Nóbel ilustre que decidió partir un día para el extranjero, y ahora se le conocía no solo en su patria sino también internacionalmente.

Esa Colombia, solo la observaba García Márquez desde el extranjero, en ese México D.F en el que ahora se encontraba, desde el día que decidió partir, dejando de lado su país, su pueblo y la gente que lo vio crecer, como persona y escritor.

Su pueblo se había convertido famoso, las cámaras, los periodistas, locutores, se instalaron e hicieron parte de esta celebración, ya no era la imaginación al estar leyendo sino era una vivencia real que se escribiría en revistas y periódicos, se escucharía en radio y televisión.

Uno de los cubrimientos que se hizo fue, contar su vida desde perspectivas y distancias diferentes a través de lo que ha hecho en su vida, “El homenaje que se le hizo fue, básicamente convocar personas cercanas a su vida y a su obra para que les contara a los lectores quién es Gabriel García Márquez, otro de ellos era estar en Aracataca y vivir lo que estaba pasando allí”, aseguró Aldemar Moreno, redactor de la Revista Semana. Las pequeñas anécdotas que algún día pasó con sus amigos, no las narraba en vivir para contarla , sino eran ellos los encargados de darlas a conocer en aquella revista.

Otros, opinaron más acerca de lo que fue el cubrimiento en general de sus 80 años, “Fue conveniente el manejo que le dieron los medios, pues, no siempre una persona llega a esa edad, fue muy coyuntural, se le dio más énfasis a su vida que a sus propias obras”, dijo José Gómez, estudiante de Comunicación Social. Lo que resultó pertinente en los medios, ya que es una figura Colombiana que ha logrado promover la escritura, el amor por el periodismo y también por la paz.

La única referencia que se tenía de García Márquez era esa, la de estar lejos y no volver a su país, mientras todo un pueblo lo esperaba en medio de la celebración de sus 80 años, la organización de que desde hace varias semanas se había preparado para él. Las fotografías, las imágenes de García Márquez, se conocían gracias a los medios de comunicación que en ese día daban a conocer a todos los televidentes, su pasado y su presente.

Un silencio definitivo, la comodidad de estar en otro país no importaba en “Macondo”, el homenaje no se apago sin la presencia de su celebridad, sin embargo, no es del todo favorable el hecho de planear toda esta celebración y García Márquez no asistir, “Es de muy mal gusto preparar un homenaje para él y no asistir, me parece que es una falta de respeto con la gente que lo apoyo en algún momento, es decir, los de su pueblo y no dar la cara por lo menos para decir gracias”, dijo Leonardo Forero.

Por otra parte, otros no están de acuerdo con lo que se dijo anteriormente, “El estado de salud de Gabriel García Márquez no es muy bueno, una cosa me sorprende mucho, es que la gente de Colombia pareciera sentir que él está obligado a más cosas de las que está, que construir hospitales en Aracataca, que construir vías, que hacer presencia permanente y ese no es el papel que juega un literato, el ha hecho obras importantes, como la promoción al derecho de la información con La Fundación Nuevo Periodismo, por lo tanto no hay que estar tan segmentado a que él tiene que asistir cada vez que su país se lo pida”, aseguró Aldemar Moreno.

Un fantasma del que no se sabe desde hace tiempo, un silencio que parece nunca acabarse, es el de Gabo, la presencia de éste que solo se haya en el D.F, México, la esperanza de una patria a la cual ha dejado de visitar en muchos años y una huella imborrable que dejó en un viejo Macondo, al cual abandono, como ahora lo va hacer escribiendo.

 
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