![]() |
Música clásica en los barrios de Bogotá |
Foto: Barrio Bilbao, Localidad Suba, Bogotá D.C. / Carolina Perbaq / Makondo Universal La temporada de medio año de la Orquesta Filarmónica de Bogotá se trasladó en esta oportunidad a cuatro localidades llevando la música clásica a barrios que nunca antes habían tenido un evento de tal magnitud permitiendo incluso que a la vuelta de la esquina se escucharan violines con ritmos alegres del folclor colombiano.
|
|---|
Era la una de la mañana y por la calle principal del barrio Bilbao ubicado en la localidad de Suba, al noroccidente de la capital, se escuchaban camiones cargados de equipos de sonido, sillas y luces, además de un grupo logístico de producción que a partir de ese momento empezaba el armazón que a las siete de la noche daría inicio a un concierto de la Orquesta Filarmónica de Bogotá. Éste barrio reconocido por su lejanía de todo lo comercial parece estar a las afueras de la ciudad, llegar para muchos se convierte en una travesía pero eso no importó a la hora de llevar cerca de 85 instrumentos sinfónicos y un escenario que jamás, en los 15 años que lleva el barrio, se había visto. Un campo abierto, el más grande de la zona, era el lugar elegido por la alcaldía local y los organizadores para cumplir con la cita musical. El parque de la virgen dejó los balones de fútbol y los juegos infantiles para darles paso a gigantes parlantes que inundaron las calles con sonidos poco usuales. Con papel periódico y marcadores algunos habitantes se pusieron en la labor de invitar al resto de la comunidad a tal evento. Y los rumores del mismo avanzaban por entre las calles trascendiendo las fronteras del barrio. A las cinco de la tarde todo estaba armado, un escenario cubierto que esperaba la llegada de los músicos de la Orquesta , que a su vez, le darían vida a sus instrumentos. Cerca de 600 sillas organizadas en media luna al aire libre estaban listas para recibir al público, pero tan pronto cayó la tarde cayó con ella la lluvia que anunciaba la poca asistencia. No obstante a las seis de la tarde la gente empezaba a llegar con sus bufandas y sombrillas pero dispuestos a ver y escuchar lo que no se habían imaginado. “Casi no puedo creer que en mi propio barrio vayan a estar músicos tan importantes tocando sus canciones para nosotros, un público que a mi parecer también merece la oportunidad que hoy tendremos aquí” dijo Cindy, asistente al concierto. Minutos después los buses que traían a la Orquesta Filarmónica llegaban en medio de la llovizna y el frío. Instrumentos listos y músicos listos, todo auguraba un momento único. A pesar de los charcos y el barro, la gente se fue ubicando en las sillas con caras de curiosidad y de emoción a la vez. El concierto empezó después de las siete de la noche, más aún la gente con sus palmas y sonrisas buscaban la forma de hacerse sentir y de calentar la noche. Al unísono una cabalgata de sonidos empezaron a llenar los espacios de Bilbao, había empezado un concierto de calidad distrital para un sector de la capital. Yo me llamo cumbia fue una de las canciones más aplaudidas por la comunidad, sin nombrar otras obras que interpretó la orquesta. Mientras tanto el personal de logística, la ambulancia y el cuerpo policial estaban atentos a cualquier hecho inesperado que realmente nunca ocurrió. Para Greissy Roa, quien llegó desde el barrio Compartir, el evento fue muy agradable ya que llevar la cultura a espacios diferentes es, según ella, una de las labores que se deberían hacer con mayor frecuencia. Aproximadamente duró 40 minutos el concierto que puso los pelos de punta a unos cuantos asistentes. El panorama era sorprendente, los niños y niñas corriendo de lado a lado del parque sin importar embarrarse los zapatos, algunos jóvenes listos a la salida de los músicos para pedir autógrafos y adultos con una sonrisa en el rostro que no dejaban de pedir más canciones. “No me importa el frío, lo importante es la labor social que nace hacerla de corazón, y así poderle llegar a la gente, es muy emocionante para mí ver que el público pide más y se convierte en un hecho recíproco” contó Blanca Niño, violinista al terminar el concierto. Su compañera Marilyn Brasil, también violinista de la Orquesta Filarmónica finalizó diciendo “en gran parte ésta es la misión de la orquesta, poder llegarle a la gente y demostrarles que la música es para todos”. Nueve de la noche y todo había pasado, ahora quedaba alzar escenario por que al siguiente día la orquesta seguía su curso en otra localidad. |
Política de Privacidad | Sobre el sitio | Makondo Universal 2007 - 2008
|